viernes, noviembre 20, 2009

El bajo coste agrario


Numerosos países del Mundo desarrollado están registrando en su seno movilizaciones de los agricultores, ante la convergencia de los problemas que acompañan la crisis económica y financiera internacional. Básicamente, la rentabilidad de las actividades ha descendido, frente a algunos costes que se mantienen altos en relación con las cifras anteriores a la crisis. La guerra por el bajo coste de los alimentos que han emprendido las grandes distribuidoras, en su pugna por mantener cuotas de mercado en este periodo de contracción del consumo e incremento del desempleo, está teniendo como principales víctimas a una parte importante del sector primario, que ha visto en poco más de dos años cómo el “rally” alcista de los precios de los alimentos se ha desvanecido, pese a que los costes de financiación, combustible, transporte, fertilizantes y otros insumos no registran tantos descensos, lo que reduce los márgenes de beneficios o cuestiona directamente el mantenimiento de algunas actividades agropecuarias.


Los precios de los alimentos, en términos reales, iniciaron desde hace casi medio siglo una senda de declive que se mantiene aún hoy en las zonas de mayor renta. Los increíbles incrementos de la productividad agropecuaria desde los años 60 del pasado siglo generaron gran abundancia en el suministro de materias primas agrarias, gracias a los bajos costes de toda la cadena de producción, apoyado por las administraciones públicas norteamericana y europea, que promovieron la mayor reconversión agraria de la historia, con el abandono masivo del campo hacia las grandes conurbaciones, y la especialización mecanizada de la actividad, que hoy está concentrada en porcentajes de la población activa que, en el mejor de los casos en los países ricos, alcanza el 5% del total. Todo ello alimentó el bajo coste agrario, con una estructura de costes que se tambaleó hace unos pocos trimestres.


La burbuja del precio de las materias primas que culminó en julio de 2008 supuso un antes y un después para muchas actividades económicas, entre ellas la agrícola. La sequía del crédito resultó más letal que la pluviométrica, y ha desdibujado la tendencia que parecía consolidada, sobre todo a favor de los consumidores y los intermediarios, de mejora o, en el peor de los casos, estabilización de la renta agraria.


La consecuencia de la crisis agropecuaria y el descenso de rentabilidad frente al incremento de los costes generan una peligrosa espiral de desinversión en el sector que, unido a la evidente falta de relevo generacional y, entre otros factores, la pérdida de márgenes de crecimiento en los rendimientos de las cosechas que se viene registrando, puede ocasionar problemas reales de estabilidad de la cesta de los alimentos a medio plazo. Hay que tener en cuenta que la crisis económica que vivimos (también, por tanto, la del poder adquisitivo por parte de los compradores) puede prolongarse de forma importante, dado que existen varios factores cuya importancia está evidenciándose en los últimos años – singularmente el acceso cada vez más exigente a los finitos recursos energéticos, minerales y el mismo suelo de cultivo, etc. -, que dificultarán el retorno a la creciente senda del crecimiento que habíamos conocido en las anteriores décadas.


Podemos decir que hemos vivido con bajo coste agrario hasta ahora, pero que esa etapa tiene costes crecientes, que cuestionan su mantenimiento. Resulta paradójico que la sociedad de la revolución digital vea cómo su sector primario contempla con escepticismo su propio futuro, y considere el abandono de la actividad principal de cualquier sociedad. La continuidad de la crisis requerirá, probablemente, y frente a la tendencia actual, una nueva intervención pública reforzada en el sector primario, así como un incremento de los precios de los alimentos y reducción de los márgenes en la cadena de distribución, en una renta doméstica que está registrando ya una sorda reestructuración de sus prioridades del gasto, para adaptarse a una nueva era en la que el acceso barato a los alimentos irá dejando de ser una obviedad.

miércoles, septiembre 09, 2009

Canarios en la mina


El Gobierno de Canarias difundió recientemente el contenido del importante “Plan estratégico de conectividad aérea del archipiélago”, estudio en el que analiza la situación actual del transporte aéreo en sus rutas desde los territorios europeos emisores de turistas, y se emplaza a adoptar medidas de urgencia para evitar que se consolide la tendencia iniciada durante el año 2008 de reducción de esas conexiones, promoviendo un catálogo de propuestas de recuperación de una “senda de crecimiento”, a través especialmente de campañas de promoción, subvenciones indirectas, etc.

El documento, disponible en la web oficial de la Consejería de Turismo, puede ser calificado como de gran trascendencia en el análisis de nuestra reciente historia económica, al reflejar un punto de inflexión sobrecogedor para la economía y la población de las islas; fruto de varias circunstancias, Canarias está pasando de ser referencia casi preferencial en las conexiones del transporte aéreo con el turismo español, alemán y británico, especialmente, para entrar a competir con otros países – singularmente Egipto y Turquía, como comenta el Informe – con costes sustancialmente inferiores en destino, y distancias similares con el viejo continente. Antes del estallido de la crisis económica, el crecimiento de burbuja permitió abonar de forma creciente la extensión del fenómeno del sol y playa en numerosos lugares del mediterráneo y allende los mares, al igual que alimentó el continuo crecimiento de la ya reconocida sobreoferta alojativa del archipiélago, que llega a situarnos prácticamente en el medio millón de camas turísticas, lo que precisa de una cifra no muy inferior a los 10 millones de visitantes anuales para mantener con suficiencia una actividad, forjada en barrotes de sol y playa, cubiertos de arena dorada.

Pero de entre los factores que más visiblemente están reflejando la quiebra de un modelo de crecimiento, sin duda alguna, hay que destacar el comportamiento de las compañías aéreas en esta nueva etapa de inestabilidad económica, algo que refleja claramente el citado Informe oficial. Nos dice que ante la “debilidad de la demanda en los principales mercados emisores”, el tándem Touroperador – Compañía aérea opta por la reducción de riesgos y por priorizar destinos con mayor margen económico por turista trasladado. Las compañías aéreas han recibido el embate primero de la tendencia alcista del precio del petróleo, y después los efectos de la reducción de la demanda, dirigiendo sus esfuerzos las empresas supervivientes hacia la reducción de costes en casi todos los capítulos de gasto de una entidad de este tipo. La condena al bajo coste, la volatilidad persistente del crudo – inevitable desde estos años en ciclos más o menos veloces – y el deterioro inevitable de la economía suntuaria en momentos de ajustes, son ingredientes con los que tendrán que convivir las economías que dependan en gran medida del transporte aéreo.

El Gobierno de Canarias ha hecho suyas las recomendaciones del Informe y promoverá ayudas públicas, intentando salir al rescate de las rutas aéreas para hacerles atractiva la conectividad con el archipiélago, dadas las enormes repercusiones económicas y sobre el empleo que tiene la pérdida de cualquier conexión; amen de que el texto considera, como no podía ser menos en un estudio con perspectiva económica convencional, que el ritmo de incremento exponencial de la demanda se recuperará de nuevo.

El transporte aéreo ha sido calificado como una industria del tipo “canario en la mina” en nuestra sociedad con tasas de alta movilidad, por la gran sensibilidad que muestra su comportamiento como actividad ante crisis de cierto calado. Lo mismo podemos decir de Canarias, o territorios similares, “atrapados”, entre resorts de lujo, tras los barrotes de la alta conectividad aérea, una conectividad que ha mostrado, para impresión de cualquiera que conozca la situación actual del archipiélago, incipientes trazas de una desconexión cuyas repercusiones sólo entienden bien los isleños.

miércoles, agosto 26, 2009

Hacer reformas


Inmersos en la recesión, conviene centrarse en la necesidad de hacer reformas. En primer lugar, parece inevitable plantear que es preciso afrontar determinados cambios. Una vez que un proceso veloz de “descrédito” financiero, entre otros factores, nos ha llevado a la vertiginosa velocidad de expulsión del mercado laboral de decenas de millones de personas en el Mundo (la Organización Internacional del Trabajo estima en cincuenta millones el número de nuevos desempleados que se pueden generar este año), se puede coincidir fácilmente en que algo no funciona en el actual entramado socioeconómico, y que es preciso orientar el sistema hacia un modelo que incluya, frente al excluyente que se quiere consolidar.

Pero ahí terminan las coincidencias entre los que debaten sobre los mencionados cambios. Para muchos – la mayoría en el debate cotidiano -, los ajustes deben apuntalar el modelo que ya se tiene, esperando “recuperar la senda del crecimiento”, para la cual “habrá que prepararse”. Entre estos se encuentran los adalides de la burbuja inmobiliaria y de consumo, que alimentó nuestros sectores económicos hasta hace bien poco, así como la inmensa mayoría de los economistas convencionales que consideraban casi intachable el pasado periodo de compulsivo crecimiento económico que nos trajo este fenómeno de rápido ajuste sociolaboral, un tanto despreocupados por haber quedado en evidencia cuando era evidente que su modelo se hundía en los últimos trimestres. Están, por otro lado, quienes estiman que esa vieja senda de la progresión debe procurarse desde nuevos pilares, que van desde la promisoria “sociedad del conocimiento” hasta la “I+D+i+….”, pasando por nebulosas apelaciones a mundos virtuales y valor añadido de la malherida economía de la exquisitez, sin mayor concreción que los innumerables planes que, paradójicamente, en buena parte de los casos buscan reducción de costes…laborales mediante la automatización de los procesos. Tienen en común estas posturas su reclamo sobre la necesidad de “ser más competitivo”, algo que parece no discutirse (pese a las crecientes evidencias acerca de la pérdida de empleo que ha traído la recurrente lucha entre comunidades por producir más barato); también unen sus fuerzas estas opiniones para coincidir en que es necesario crecer para no perder el ritmo en un tren que esta vez ha parado cuando queríamos que fuera cada vez más rápido.

Igualmente, se añade al compendio de ideas que surge el reclamo sobre la necesidad del reparto de los beneficios del capital, engrosados hasta el insulto y retransmitidos en horario de máxima audiencia, para escarnio de los parias de la Tierra. Consideran que la justicia fiscal, el reparto de los etéreos dividendos (pocos se atreven a pensar en qué ocurriría si se quisieran materializar realmente todos esos billones que se dice se tiene en tantos instrumentos “parafinancieros”…), la lucha contra los paraísos fiscales, etc., haría aflorar una economía de casino para conseguir “objetivos productivos”, porque, y en esto coinciden con los anteriores, se trata de producir y consumir más.

Por último, se abrazan de nuevo los recurrentes mensajes sobre la flexibilización laboral, el internamiento del cainismo como regla de comportamiento socioeconómico, y un sin fin de recetas de viejo cuño que buscan, a través de sus reformas, apuntalar las diferencias, y garantizar bajos costes económicos con altos costes sociales, en una segura carrera hacia la quiebra de la cohesión social.

Casi todos estos análisis parten de que, además de posible, es necesario crecer cada vez más rápidamente (no otra cosa es el porcentaje anual de incremento del PIB con respecto al año anterior), y que esto, inclusive, sea a nivel global (aunque algunos no tienen problema alguno en excluir a los que no entran en la cesta de los ricos, y tienen además infinidad de argumentos para justificarlo, sin sonrojarse).

Pero, ¿qué ocurriría si nos encontramos con que es difícil que la oferta satisfaga la demanda creciente de recursos y, sobre todo, el flujo de los mismos del productor al consumidor? Esa opción debiera ser barajada, y además seriamente, porque hay crecientes indicios de límites en la posibilidad de mantener crecimientos económicos en un futuro inmediato de 7.000 millones de potenciales consumidores globales, sobre todo si quisiéramos extender – algo bastante improbable debido a la finitud de nuestra Tierra - nuestros patrones de consumo occidentales, altamente individualizados, con ciclos de producción de rápida obsolescencia y alta degradación de recursos per capita. Esta crisis, hasta ahora, ha relegado del carrusel del sistema a porcentajes crecientes de población, a nivel internacional, provocando inclusive el incremento del hambre, según la FAO. Es casi unánime la apelación al retorno al crecimiento como fórmula salvífica que reduzca la desigualdad, pero parece ganar enteros la interpretación de que, precisamente, un importante componente de ese desequilibrado reparto es la reiterada búsqueda de crecimientos que están provocando el incremento de la vulnerabilidad social, en la competencia por los bienes y recursos que no su multiplican a la velocidad de nuestras insaciables y globales apetencias de consumo. Así, pues, no tiene nada que ver plantear hacer reformas para perpetuar incrementos del PIB con posibles y más duraderos ajustes sociales, que reconocer la necesidad de reformar nuestra forma de concebir la economía – tarea nada sencilla, bien es cierto - , hoy pensada como una gran máquina de insaciable apetito, para ponerla al servicio de la satisfacción de necesidades que, como nosotros, no pueden ni deben crecer indefinidamente.

miércoles, agosto 05, 2009

La enésima advertencia


El diario británico The Independent ha recogido en estas fechas de baja tirada una clarificadora entrevista con el economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, que se sintetiza en el encabezamiento estremecedor del artículo: “Aviso: se agota rápidamente el suministro de petróleo”.

Más allá del impacto del titular, el contenido de la entrevista desglosa las conclusiones del reciente informe de ese organismo sobre el agotamiento de los yacimientos gigantes que aportan la mayor parte de la extracción mundial diaria de crudo.

Ha “descubierto” esta entidad algo que ya muchos geólogos del sector conocían, y que no es otra cosa que la creciente dificultad para que el nuevo petróleo que se incorpora a la producción compense el declive cada vez más agudo de los viejos yacimientos.

Entonces, Birol se despacha, cuando todos hablan de brotes verdes, con el calificativo de “catástrofe” para apellidar el estado del suministro de petróleo en un plazo de… cinco meses, en el año 2010.

A poco que se repase la historia de la economía mundial reciente, esta advertencia viene a decirnos que, de confirmarse, no habrá recuperación de la economía mundial, y que ésta se pospone sine die, a menos que se excluya a cientos de millones de consumidores del disfrute del crudo, principal recurso energético mundial, y se agudice el desequilibrado reparto energético ya existente hoy, algo bastante improbable en el Mundo globalizado en el que vivimos, un modelo que hoy se está tambaleando como nunca en su reciente devenir. La Agencia ha modificado sustancialmente sus estimaciones sobre extracción de petróleo en apenas un lustro. Así, en el año 2004 no tenía problemas para publicar que el Planeta consumiría diariamente 125 millones de barriles de petróleo para el año 2030; en su reciente informe, de un plumazo, rebaja esa predicción hasta los 105 millones: es decir, cambia sus pronósticos en más de un cincuenta por ciento, cuando se decide a investigar sobre el estado actual de los yacimientos.

Aún más preocupante es que ese objetivo de crecimiento lo fíe a que se desarrollen inversiones multimillonarias en recursos petrolíferos más costosos, lejanos y difíciles de procesar; o, aún más cómico, en la búsqueda y hallazgo efectivo de multitud de nuevos campos petrolíferos, en un desesperado llamamiento al “porque yo lo valgo” propio de las proyecciones economicistas.
Como comenta Pedro Prieto, partiendo de las afirmaciones de Birol, “se buscan seis Arabia Saudís para el año 2030”; algo geológicamente bastante improbable, porque desde hace muchas décadas se conocen los lugares con yacimientos petrolíferos fáciles, y dónde es simplemente imposible que haya crudo que justifique una inversión en extracción. La enésima advertencia viene con muy poco plazo de reacción. Hace ya más de una década, dos geólogos, Colin Campbell y Jean Lahèrrere, advertían del “fin del petróleo barato” en Scientific American. Los avisos de crecientes agentes de la industria y otros ámbitos se han hecho visibles ya en la prensa habitual, y se hace común hablar del “cenit del petróleo” o “peak oil”, al contrario que hace tan sólo unos trimestres.La situación económica que traerá esta “catastrófica crisis energética”, en palabras de los dirigentes de la Agencia Internacional de la Energía” y usando referencias de otras situaciones de estrechez del suministro, tiene su traslación directa en la contracción del crédito; la falta de expectativas de crecimiento que recupere nuevas inversiones expansivas; el desplazamiento de los objetivos de captación de nuevos clientes a la consolidación a bajo coste de los existentes; y, en fin, en el intento desesperado por no quedar descolgado del círculo del consumo y producción.

Exigiría este nuevo escenario un replanteamiento socioeconómico y laboral bastante diferente al que queremos mantener, en la línea de criterios de austeridad, reparto, solidaridad y redefinición de necesidades, y para evitar las peores consecuencias del proceso que nos advierten se avecina.


Y nunca es tarde para empezar.

viernes, julio 17, 2009

Almacenar crudo


Se suceden en diferentes partes del Planeta las decisiones para incrementar el almacenamiento estratégico de crudo y gas natural, siendo emblemático el proyecto – en plena ejecución - de China (y otros países asiáticos) de crear su propia gran reserva estratégica de combustible, siguiendo los pasos que en su momento iniciaran los países de la OCDE, tras la crisis de abastecimiento de 1973.

Efectivamente, en esos días, tras la decisión de los países árabes productores de limitar el flujo de petroleros hacia Europa y Estados Unidos, como respuesta al apoyo occidental a Israel en la Guerra de Yom Kippur, se prodigaron las colas en gasolineras y se tomó conciencia popular, probablemente por primera vez tras la Segunda Guerra Mundial, de la fragilidad del sistema en su conjunto si fallaba el suministro energético. La reacción a este evento por parte de los grandes países consumidores fue el de la creación de las reservas estratégicas de crudo, aunque algunas de ellas ya se estaban constituyendo, sirviendo de referencia la “Strategic petroleum reserve” de los EE.UU., implantada a partir de 1975, y que hoy almacena el equivalente a algo más de un mes de consumo de petróleo del país, teniendo en cuenta que este país ya importa casi dos de cada tres barriles de los que consume. El incremento de la volatilidad del precio del petróleo en los últimos años ha llevado a cuestionar el modelo de abastecimiento a la carta y en flujos ininterrumpidos de este recurso energético a los países consumidores del Norte, principales demandantes del mismo. Tras el colapso de los precios del oro negro en julio de 2008, y la debacle económica mundial, se han reproducido escenas de almacenamiento en alta mar del petróleo, a falta de demanda para su consumo, y se han tomado decisiones, en el marco de la OPEP, de reducción de la extracción, lo que no ha sido óbice para que inclusive en esos países, que obtienen la mayor parte de sus ingresos de la exportación de este recurso, se estén tomando también decisiones de almacenaje.

Este fenómeno, aparentemente inocuo, nos muestra un aspecto realmente trascendente de los cambios que estamos viviendo en la escena geopolítica y económica mundial. El acaparamiento es un primer síntoma de falta de confianza en el vigor y continuidad del sistema, como ya se viviera en las crisis energéticas anteriores. Es, indudablemente, también un negocio en ciernes, porque pone en posición de salida al acaparador, que sirve al mejor postor, en una transacción entre adictos (productores y consumidores) donde el intermediario puede alcanzar mejores pujas, consciente como es el gran negocio que la inestabilidad de suministro será un factor de importancia creciente en el futuro.

El modelo de abastecimiento ha funcionado hasta ahora con relativa normalidad, dentro de un escenario de constante crecimiento, únicamente interrumpido por breves episodios recesivos. Los países que extraían cada vez más petróleo eran la gran mayoría; como en los productos agrícolas, la abundancia de oferta creaba tensiones a la baja en los contratos, lo que no daba margen excesivo a los tratantes; había un ritmo siempre de ampliación de la demanda – el parque móvil mundial se ha multiplicado por varios enteros en las tres últimas décadas -, y las infraestructuras de almacenamiento y distribución tenían reciente creación o estaban en proceso de renovación más o menos gradual.

Hoy están mostrando serios síntomas de fragilidad varias piezas de este engranaje: ya hay casi tantos yacimientos de países en declive petrolero como los que aún incrementan su extracción, lo que nos trae a la recurrente meseta de producción del petróleo convencional – el más fácil de extraer y, por tanto, más barato – que vivimos desde el año 2005; este episodio histórico – pese a la enorme demanda mundial, no había capacidad para incrementar sustancialmente la producción desde ese año -, contribuyó a la espiral alcista de los precios que culminó el 11 de julio de 2008 – una fecha a recordar -, y dio paso a un descalabro importante de la economía financiera, insostenible por otro lado en su propósito de convertir todo lo que tocaba en burbuja.

El efecto cascada de la falta de confianza en el crecimiento está reduciendo de forma insólita la demanda, en medio de unas oscilaciones con pocos precedentes en la Historia del petróleo, lo que crea un exceso de capacidad que aterroriza a los nuevos inversores, tanto en nuevos yacimientos de combustibles fósiles, como en proyectos de ampliación de la capacidad eléctrica, de otros recursos energéticos, etc. Ya se están cuantificando en millones de barriles al día las cancelaciones de nuevas exploraciones e iniciativas de expansión de este sector, lo que agravaría, además, un factor de crucial importancia a medio plazo, y que no es otro que la necesaria y progresiva sustitución – por obsolescencia – de los pesados elementos de la cadena de abastecimiento energético y eléctrico, desde la extracción hasta el transporte, refinado y abastecimiento final.

La extensión de la práctica de almacenar crudo es, en ese escenario, una maniobra de reserva de combustible para las contingencias extraordinarias, que tienen todas las cartas para prodigarse en esta nueva era, y una protección contra las oscilaciones del precio del crudo, inevitables a partir de ahora por el creciente hueco entre oferta y demanda. Es una señal de que “no hay para todos” y que la subasta al mejor precio será la que logre sacar los barriles de sus almacenes para servirlo al cliente mejor situado. También, como no, una oportunidad para los oportunistas, como en todos los ríos que llegan revueltos. Está por ver, sin embargo, que estas maneras sirvan a la función de mantener el modelo de crecimiento que ha alimentado nuestras economías en las últimas décadas.

lunes, julio 06, 2009

El fin del trabajo


El economista Jeremy Rifkin publicó en 1994 “El fin del trabajo”, donde planteaba, a partir de un provocativo título, los problemas derivados del conocido proceso de sustitución de la mano de obra por la automatización de las cadenas productivas, un recorrido que tuvo su verdadero punto de partida con la introducción de los combustibles fósiles – el carbón del siglo XVIII – y la fastuosa nómina de máquinas que fueron diseñadas para canalizar ese baño de potencia energética extraída del subsuelo, hacia el incremento de la producción. A partir de ahí, y no sin resistencias de toda clase y condición, comienza un proceso imparable de asalarización y urbanización, que supuso la transición desde el mundo rural hacia el predominio de la factoría.

Diversos estudiosos de la energía han hecho la conversión del enorme suplemento de potencia del que disponemos en la actualidad, en una cifra de lo que se ha venido a denominar como esclavos energéticos: así, un individuo de la Europa actual tiene tras de sí al equivalente a cuarenta personas que trabajarían para él de forma continua, siete días a la semana. Las máquinas no son sino el instrumento que usamos para canalizar esa cifra que antes únicamente era accesible para los señores feudales y los emperadores, eso sí, en forma de siervos y esclavos de carne y hueso.

El uso masivo de máquinas – y su tendencia hacia la especialización - es, pues, una función de la energía disponible, y el empleo que hoy depende de aquélla – virtualmente la práctica totalidad – también lo es. Conviene recordarlo porque las ínfulas del crecimiento exponencial de nuestros servicios y productos nos han hecho olvidar rápidamente esta sencilla ecuación, y recurrentemente hablamos de la evolución a medio plazo de los mercados laborales obviando esta premisa fundamental.

El factor de la energía viene acompañado de la inercia demográfica actual, de crecimiento exponencial de la población en edad de incorporarse al mundo del trabajo. Estas dos tendencias – incremento de la energía disponible y de los demandantes de empleo – han podido convivir, con renqueantes episodios, en una continua tendencia ascendente, acelerada especialmente en la última década, en un episodio de difícil reproducción en el futuro. Así, por ejemplo, España aumentó de forma constante su población activa ocupada desde mediados de los años 90, en casi un 50%, justamente en la misma proporción, y no es casualidad, en que creció el consumo de energía (especialmente de petróleo) en el conjunto del país. Esta misma tendencia se ha reproducido en muchas realidades económicas y laborales del Planeta, aunque no de forma lineal ni progresiva, como a veces tendemos a pensar.

La actual crisis ha destapado la espita del desempleo de forma acelerada en el Mundo, ensañándose precisamente sobre aquéllas zonas de crecimiento más burbujeante en los últimos tiempos. La dialéctica empleo – capital ha roto sus suturas, como en otros tiempos de la historia contemporánea, y los asalariados están siendo expulsados por el fin de la energía barata y el consecuente raquitismo del préstamo y desvanecimiento de la burbuja de capital, sobre todo para los que están en la parte inferior de la pirámide económica.

La pregunta obligada es la del qué pasará después, algo que Rifkin también se cuestiona, de forma inquietante, en el libro de referencia. Como se ha reiterado desde las instancias internacionales, nos dirigimos sin solución de continuidad hacia una crisis energética estructural que pondrá límites, probablemente difíciles de superar, y más temprano que tarde, a la expansión del consumo de energía primaria en el Planeta. Desde luego, ese límite, si hacemos la regla del reparto per capita, parece estar ya a nuestros pies (las exigencias energéticas de la población mundial están creciendo de forma más veloz que la energía disponible), por lo que hoy la expansión del consumo energético de algunos – y, por tanto, la capacidad de crecimiento económico y de empleo - se estaría necesariamente haciendo a costa del decrecimiento energético y económico de otros.

El envejecimiento energético traerá consigo cambios espectaculares en el mundo laboral, de mantenerse la actual tendencia, sobre todo en forma de precarización y expulsión laboral que ya la Organización Internacional del Trabajo ha advertido se está produciendo en todas las latitudes. En el medio plazo, el cenit del petróleo supone un cenit de incorporación al mercado laboral más regularizado, salvo que se emprendiera un profundo proceso de reparto del trabajo unido a la disminución consensuada de la actividad y reorientación definitiva de sus propósitos, algo que parece muy lejano si partimos de los actuales esquemas de crecimiento económico que se quiere recuperar a toda costa. Evidentemente, es de muy difícil encaje el modelo de producción hoy dominante – basado en el crecimiento acelerado del consumo - , en un entorno de competencia por recursos decrecientes, y una de las principales víctimas de este conflicto pasa por ser, en las actuales circunstancias, el mundo del trabajo, claramente desarticulado por mor de la competitividad global y las ataduras al consumo conspicuo. Lo que hoy vivimos parece ser, visto en perspectiva, más que el “fin del trabajo”, el comienzo de un cruento proceso de incremento del lado oscuro de la aclamada lucha entre mercados y posición en el escalafón social de los más afortunados, que se plasma sobre todo en exclusión y dualización social, tendencia que tenemos la obligación de abordar y frenar, aunque bien es cierto que intentar hacerlo con las mismas terapias que crearon nuestro insostenible modelo productivo puede complicar aún más la vulnerable posición de los trabajadores y trabajadoras.

jueves, febrero 05, 2009

Perspectivas de la energía solar fotovoltaica en Tenerife y Canarias


Notas de las Jornadas de innovación tecnológica sobre energía solar fotovoltaica, celebrada el viernes, 30 de enero de 2009, organizada por el Ayuntamiento de Arico.

De ser prácticamente insignificante (en el año 2005, según el Gobierno de Canarias, Canarias tenía 1,20 Megawatios de potencia instalada de Energía solar fotovoltaica), el año 2008 culminó con la instalación de aproximadamente, unos 80 Megawatios, esto es, la actividad de instalación se multiplicó por 60 en tres años, generando, además, un grupo importante de empresas dedicadas al sector, con centenares de empleos en torno a su desarrollo. Según Manuel Cendagorta, director del Instituto tecnológico y de energías renovables del Cabildo I. de Tenerife, de esos 80 MW instalados, 70 estarían en Tenerife, unos 4 a 5 en las restantes islas de la provincia (esto es, unos 75 en la provincia de Santa Cruz de Tenerife), y los 5 restantes en la Provincia de Las Palmas (como se comenta en este artículo de prensa del diario La Provincia, “La energía solar se estanca en Gran Canaria”).

En la isla de Tenerife se ha podido registrar esa espectacular multiplicación de la potencia instalada debido a las facilidades que el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Arico han dado para que se puedan calificar suelos con aptitud para los parques solares, con el añadido de que, además, el ITER, en el Municipio de Granadilla, ha instalado una cantidad muy importante de MW solares, con una cifra de 43,8 MW, la mitad de la potencia fotovoltaica instalada en Canarias, y una inversión financiada total de unos 250 millones de euros. La mayor parte de esos parques se han realizado sobre suelo, y en algún caso a costa de instalaciones agrícolas previas (sobre todo, dedicadas al tomate), lo que motiva, evidentemente, la reflexión sobre el cambio de uso productivo del suelo, amen del impacto territorial y visual de las instalaciones en sí mismo (aquí, un impactatnte y extenso reportaje fotográfico sobre las instalaciones de parques solares, realizado por noincineraciontenerife.com) .

Manuel Cendagorta estima que, en la actualidad, teniendo en cuenta los 70 MW instalados de energía solar fotovoltaica y los aproximadamente 30 MW de energía eólica instalada (pendiente de la adjudicación del concurso eólico, que sumará unos 170 MW nuevos en la isla), se puede estar generando entre el 5% y el 6% de electricidad insular a partir de estos dos recursos. Eso supone hoy, aproximadamente, el 2,5-3% de la energía primaria de Tenerife (al incluir el transporte).

En la isla de La Palma, por su parte, también se han realizado importantes instalaciones (Canarias 24 horas: 333 Familias de La Palma pueden autoabastecerse de nueva planta energía solar), aunque algunas de ellas han sufrido la parálisis, al menos provisional, de la inversión tras el descenso de las primas recibidas por la energía inyectada a la red eléctrica.

En prácticamente todas las islas, por último, se han realizado importantes instalaciones de parques solares sobre techo, tanto en naves industriales como en instalaciones hoteleras y otras dependencias. Igualmente, ha habido un amplio desarrollo empresarial, con varias decenas de empresas y centenares de empleos generados tanto en la provincia de Las Palmas como de Santa Cruz de Tenerife.

Pero, ¿cuáles son las perspectivas del desarrollo de esta tecnología en Canarias?

(Notas de la intervención del Sr. Cendagorta): El Sol, grosso modo, proyecta su energía lumínica sobre la superficie de la Tierra, a razón de un kilowatio por metro cuadrado. Sin embargo, si se pretende su uso para la generación de electricidad, necesariamente hay que usar receptores en forma de células fotovoltaicas, que transforman esta energía lumínica en eléctrica. En el mercado actual, la media de aprovechamiento de esas células es del 17%, aunque, en el terreno puede oscilar entre el 10 y el 15% debido a las pérdidas por la estructura del panel, montaje de la infraestructura en el suelo, etc. Por lo tanto, de un metro cuadrado, con los actuales paneles solares fotovoltaicos, se pueden obtener entre 100 y 150 watios. No obstante, existen tecnologías que permiten un mayor aprovechamiento – con una complejidad tecnológica mayor – a través de los seguidores solares (paneles que rotan siguiendo al sol en su trayectoria), o con el empleo de los sistemas de concentración solar, que alcanza rendimientos de hasta el 40%. Igualmente, ya existen en el mercado células con un mayor nivel de aprovechamiento (inclusive hasta un 43%), aunque son muy costosas, y normalmente requieren el uso de los citados concentradores, de diferentes tipos y estructuras.

La práctica totalidad de las instalaciones de energía solar fotovoltaica se realizan en España para su conexión a la red eléctrica (los sistemas aislados de autosuficiencia eléctrica son marginales, debido sobre todo a la necesidad de un número importante de baterías y a la corta duración de su vida – aproximadamente 5 años – lo que implica una inversión en las mismas que en muchas ocasiones es equivalente al coste del propio panel solar).

El Mundo ha vivido un boom de la energía solar fotovoltaica en los últimos años, lo que ha supuesto un importante incremento de la inversión en esta tecnología, así como una subida de los precios (el kilogramo de silicio, del que se obtienen las obleas para las células, se ha incrementado de 10 hasta cerca de 400$ en pocos años), y su desarrollo ha sido importante, sobre todo en España, donde se han registrado los aumentos más espectaculares de potencia instalada en todo el Mundo (casi la mitad de la nueva potencia mundial instalada de energía solar fotovoltaica en el año 2008 se realizó en España). Como se ha comentado, “el negocio fotovoltaico se ha convertido en una actividad financiera, más que energética”. El motivo de ello han sido las importantes primas a la tarifa eléctrica (hasta septiembre de 2008, 43 céntimos de Euro por kilowatio hora), unido al número importante de horas de sol que tiene el país, lo que supone una ventaja importante en relación con países de otras latitudes, y convertían a esta actividad en rápidamente amortizable, y generadora de importantes beneficios. Existe una experiencia contrastada en varios países (ejemplos de Holanda, Luxemburgo o Japón) en las que se observa la relación existente entre la tarifa bonificada y el impulso de la instalación fotovoltaica: cuando se reducen o suprimen las ayudas, el sector se desvanece.

En septiembre de 2008, entró en vigor una normativa que regula las tarifas de la prima, reduciéndolas de 43 a 32 céntimos de Euro y, sobre todo, proponiendo un sistema de regulación con cupo anual de prima al que hay que concursar para obtener esa bonificación, lo que ha limitado la tendencia expansiva del sector que, por otro lado, conocedor de las nuevas previsiones, aceleró sus inversiones en el año 2008, por lo que éste puede ser considerado como un año excepcional (hay que tener en cuenta que el cupo anual establecido para el año 2009 es poco más del 10% del instalado efectivamente en el año 2008).

Ha existido una importante crítica a esta nueva regulación, por parte de diferentes sectores, debido al freno que ha supuesto para el desarrollo del mismo, lo que hubiera permitido, según se argumenta, acelerar las inversiones para hacer “prescindible” la prima con respecto a energías no renovables. Por otro lado, el Gobierno argumenta que la nueva regulación busca estimular la evolución tecnológica a medio y largo plazo, evitar que las altas subvenciones repercutan con costes excesivos en el sistema eléctrico, y primar las instalaciones en cubierta o fachada, frente a los parques en suelo, y la especulación que ese proceso conllevaba. Por otro lado, es preciso tener en cuenta que en España cualquier instalación conectada a red pasa a que su propietario sea considerado como una “empresa generadora de electricidad”, lo que hace inicialmente compleja la tramitación de una actividad de este tipo.

El entorno del futuro

Manuel Cendagorta considera que, en unos 5-7 años, la energía solar fotovoltaica será rentable, frente a la fuente no renovable. Pone el ejemplo de Japón, donde la tarifa eléctrica es del doble que en España, existe poca regulación, e inclusive en todas las viviendas nuevas la instalación fotovoltaica ya se añade a la propia instalación de la vivienda. Además, el desarrollo de las energías solar y eólica ha hecho que en España, éstas supongan una parte significativa de la generación eléctrica, sobre todo ésta última, donde aporta inclusive en algunos momentos más electricidad a la red que las propias centrales nucleares. Para Cendagorta, estas fuentes energéticas son el futuro, frente a recursos como la energía nuclear, que requieren de importantes subvenciones para su construcción y mantenimiento. Advirtió que estamos ante “el pico de producción y declive del petróleo”, y que las subidas de los precios del petróleo han hecho, por ejemplo, que en Canarias se haya llegado a pagar a UNELCO – ENDESA tres veces más por la generación de la electricidad (que precisa de derivados del petróleo) que lo que se abona de prima a la energía eólica.

Los límites de instalación de la energía solar y eólica tienen que ver con los “límites de penetración en la red” debido a que no son estables en su funcionamiento (de noche, o con ausencia o exceso de viento, por ejemplo). Por ello, se están ensayando propuestas de “acumulación”, como la que se empenderá en el proyecto de central hidroeólica de la isla de El Hierro, que supondría, de tener éxito y culminarse, una aportación de entre el 80% y el 100% de su suministro eléctrico.

Probablemente, según Cendagorta, el límite de penetración de la red por parte de las energías solar y eólica en la isla de Tenerife, con casi 1.000 MW instalados de potencia eléctrica en total, sería de unos 200-300 MW, sin que se requiriera una regulación adicional. A partir de ahí, habría que ultimar propuestas de acumulación (futuros embalses o baterías acumuladoras, que podrían usarse para coches eléctricos).

Poner en funcionamiento una instalación solar fotovoltaica

Con la nueva normativa, es preciso acceder al “cupo anual” de energía solar fotovoltaica que se podría acoger a la tarifa bonificada de 32 cts. de euro por Kwh. Para ello, hay que solicitar estar preinscritos en el “registro de preasignación de retribución”. Para acceder al mismo, hay que cubrir trámites administrativos importantes (compatibilidad del uso urbanístico, proyecto de obra, licencias, etc.). Como es conocido, se prima en la nueva regulación a las instalaciones sobre techo, aunque la Ley de Medidas Urgentes en materia de ordenación del territorio en Canarias promoverá igualmente las instalaciones solares en fincas, siempre y cuando no ocupen más del 30% de la misma.

Los requisitos para la instalación de un parque solar son importantes, y no sólo administrativos: es preciso tener en cuenta la disponibilidad de abundante agua para regar los paneles; seguridad de las instalaciones frente a hurtos; orientación adecuada, etc.

Pero, por encima de esos requisitos, se encuentra el de la disponibilidad de financiación adecuada, lo que implica hacer una evaluación de rentabilidad económica previa, tanto con financiación propia como ajena. Existe un plan anual de subvenciones a instalaciones solares fotovoltaicas en Canarias, aunque su importe es bastante reducido. Por ello, han surgido numerosas empresas que, ante la dificultad de financiación, proponer “alquilar cubiertas”, para la instalación solar, entre otras fórmulas.

La incertidumbre de la situación financiera resulta, en estos momentos, junto a los obstáculos administrativos, el principal obstáculo para este tipo de desarrollos fotovoltaicos, y el causante de que, pese a las buenas expectativas, tenga un importante nivel de parálisis en la inversión en estos momentos.


RECORTES DE PRENSA:

Público.es: La burbuja fotovoltaica, a punto de pincharse
En septiembre se rebajan los incentivos a la energía solar, que han permitido un crecimiento sin precedentes de estas instalaciones y han convertido en España en la segunda potencia mundial
A. M. VÉLEZ - Madrid - 15/08/2008 22:34
Al maná de la energía solar en España le quedan dos telediarios. El próximo 29 de septiembre debe entrar en vigor el nuevo marco de primas del sector impulsado por el Ministerio de Industria.
Será un régimen bastante más restrictivo que el actual, que, sobre todo en el último año, ha permitido una explosión de esta fuente de energía gracias a su generosa retribución. Tanto, que, como dice una fuente gubernamental, el negocio fotovoltaico “se ha convertido en una actividad financiera, más que energética”, con los llamados huertos solares: productos de inversión financiados por los bancos, que ofrecen rentabilidades de en torno al 9%.
Hace un año, el anterior titular de Industria, Joan Clos, puso fecha de caducidad al sistema vigente al constatar que los objetivos para 2010 en solar estaban a punto de cumplirse. Tras el anuncio, se dispararon las peticiones para poner en marcha nuevas instalaciones y acogerse al actual sistema (el cambio no será retroactivo). Hasta mayo, había en España 1.085 megavatios (MW) solares, según la Comisión Nacional de la Energía (CNE). Al cierre de 2006, eran 156 MW.
Una evolución espectacular que sólo pude definirse con una palabra: burbuja. Un aluvión de paneles que, juntos, ocuparían, según Industria, un kilómetro cuadrado de superficie, equivalente a la Ciudad Deportiva del Real Madrid o el centro histórico de Toledo.
Pero el de la fotovoltaica no es un problema de espacio. Tampoco de falta de sol, ya que España reúne condiciones inmejorables para esta energía. Sólo Alemania (con menos horas de sol al año) le lleva la delantera, con 3.800 MW instalados al cierre de 2007 y una potente industria local.
El meollo está, claro, en el dinero. Con la tarifa eléctrica (es decir, con la aportación de todos), los parques solares reciben una retribución que, en su momento, se diseñó para favorecer el despegue de un sector en pañales. Este año, el coste de esas subvenciones será de 800 millones. Supone un tercio de todas las ayudas a las energías renovables. Éstas (eólica, solar, biomasa…) generan el 20% de la electricidad. Sin embargo, la fotovoltaica sólo aporta el 1,4% de la producción verde, incluso sin contar la hidroeléctrica.
Producto nacional
La explosión solar también se nota en la balanza comercial española, ya que menos del 30% de las placas instaladas en 2007 eran de fabricación nacional. Resultado: 2.500 millones en importaciones de paneles, sobre todo, de Alemania, Japón y China. Este año, la cifra puede duplicarse. “Lo que no puede ser es que creemos empleo allí; nuestra idea es apostar por la fotovoltaica pero crear empleo en España, estimulando la producción nacional de paneles”, dijo recientemente a Público el ministro de Industria, Miguel Sebastián.
El sector no discute la existencia de una fuerte especulación que ha atraído a mucho advenedizo. Pero discrepa sobre el remedio. Tanto, que el cambio de marco viene precedido de un cisma entre las empresas, con la reciente creación de una nueva patronal que reúne a las más potentes (sobre todo, fabricantes de paneles).
En lo que no hay fisuras entre las empresas es en el rechazo a la nueva regulación. El sector acusa al Gobierno de querer acabar con el llamado déficit de tarifa (diferencia entre ingresos y costes del sistema eléctrico) a costa del sector solar, aunque el agujero del déficit (15.000 millones acumulados) es mucho mayor que el coste de esta energía.
Las claves del nuevo régimen ya se conocen: en 2009, ya no podrán instalarse en España más de 300 MW solares por año, a 75 MW el trimestre. Pasado ese umbral, los nuevos parques cobrarán menos. Las primas serán distintas en función de si las instalaciones son de techo (en lo alto de los edificios) o de suelo, con el objetivo de incentivar las primeras.
La subvención de las primeras se reducirá un 26% menor y la de las segundas,un 35%.
La CNE ha pedido un período transitorio para el último trimestre de este año y una aplicación gradual de la normativa para el próximo año. El Ministerio de Industria no está por la labor.





La Provincia: La energía solar se estanca en Gran Canaria
Empresarios y Gobierno regional coinciden en que la normativa limita la implantación de sistemas. Los promotores deben realizar una fuerte inversión antes de saber si podrán ejecutar el proyecto.
ESTHER MEDINA ÁLVAREZ - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. La venta de sistemas fotovoltaicos ha bajado en la isla de Gran Canaria en torno al 70% tras la entrada en vigor del nuevo Real Decreto de las Energías Renovables el pasado mes de septiembre, según los empresarios del sector. Y en zonas como Arinaga o El Goro, se hace "prácticamente inviable" ejecutar una planta de energía solar. Esta circunstancia, junto a la paralización desde finales de 2005 del concurso eólico, hace que la Isla vaya con retraso en la implantación y uso de energías renovables. El director general de Solpower Canaria, Reinhold Froehlich, afirma que con el nuevo real decreto lo único que se hace es "poner trabas", empezando por la "limitación a 267 megavatios para tejado para toda España y 133 para suelo. La capacidad presentada en el primer cupo ya supera la permitida para todo el año" y por comunidades "Canarias es una de las más perjudicadas". Pero lo que más desanima a los promotores que estudian la posibilidad de instalar plantas fotovoltaicas, son los numerosos formularios que precisan para intentar obtener un permiso de instalación, formularios que dependen de diversas instituciones, a lo que hay que sumar una importante inversión "a fondo perdido". Froehlich dice que "la normativa exige que para concursar por una planta fotovoltaica es necesario un punto de conexión, la licencia de obra, una autorización administrativa y un aval bancario. Todo ello supone una inversión previa aproximada de 650 euros por kilovatio pico sin saber si vas a poder instalar los paneles o no. Si no fuera por el apoyo de nuestros inversores, las consecuencias hubieran sido catastróficas". RESTRICCIONES. A todo ello hay que sumar las limitaciones y dificultades que existen en Gran Canaria debido a la falta de infraestructuras y la saturación del trenzado eléctrico. En ese sentido, el director general de Solpower asegura que la capacidad para soportar la energía obtenida a través de estos sistemas "se están restringiendo por zonas". En el caso concreto de Arinaga, por ejemplo, "no se está permitiendo instalar porque la línea está saturada" y se hace necesario construir una subestación para conectar con Carrizal. El Gobierno de Canarias también ha notado las repercusiones negativas del nuevo decreto. La opinión personal del director general de Energías, Adrián Mendoza, es que el Ministerio de Industria se vio sobrepasado por las tarifas tan altas establecidas para la energía fotovoltaica y decidió dar un frenazo, y a su juicio sería necesario "replantear el decreto" y marcar "una prima estable, intermedia, sin tanta burocracia". Además, los trámites y la inversión previa a la preasignación de tarifa suponen "tanta incertidumbre que parece que quieran asustar a lo inversores".El director general de Energía apunta que las instalaciones de energía fotovoltaicas en Gran Canaria se centran principalmente en el sureste, en Santa Lucía, Ingenio y Agüimes, concretamente en el polígono industrial de Arinaga, la zona de la isla con más potencial.Actualmente el precio ronda los 3,98 euros por vatio pico instalado y en 1.200 metros cabe 100 kilovatios pico, según detalla el director financiero de Solpower, Jaime Melián.

Canarias 24 horas: 333 Familias de La Palma pueden autoabastecerse de nueva planta energía solar
EFE viernes, 29 de agosto de 2008 - La Palma/ Cerca de 300 familias del municipio palmero de Los Llanos de Aridane se podrán autoabastecer de la energía producida por el sol, gracias a la nueva planta fotovoltaica de 691,2 kilovatios de potencia, que el grupo Conergy ha instalado en la isla de La Palma.
El Archipiélago, informa hoy la empresa en un comunicado, incrementa así el número de instalaciones que producen energía limpia y verde.SunTechnics, empresa del Grupo Conergy, ha finalizado la instalación de un sistema solar fotovoltaico de 576 módulos, con los que abastecerá las necesidades energéticas de 333 familias al año, inciden.Al año, añade, está previsto que esta planta produzca 1.066.524 kilovatios a la hora.La instalación está constituida por seis plantas de 115,5 kilovatios de potencia (Kwp), con una producción anual aproximada cada una de 177.754 kilovatios.Esta instalación formará parte de los más de seis megavatios que a finales de año estarán instalados en la isla de La Palma, explican desde la empresa.Juan Antonio Jorge Pacheco, Director de la delegación del Grupo Conergy en las islas Canarias, con sede en Tenerife, lo tiene claro y opina que "las condiciones climatológicas que tenemos en el archipiélago nos convierten en un paraíso único para la energía solar fotovoltaica".La energía solar fotovoltaica es "una de las mejores alternativas a la alta dependencia energética de los combustibles fósiles del Archipiélago", indica.En la pasada "Conferencia Internacional Islas Renovables", recuerdan, se manejaron cifras que demuestran el impacto de las energías renovables.Entre los datos aportados, explican, se señaló que el 25 por ciento de la energía eléctrica que consumirán los tinerfeños procederá del sol, gracias a las instalaciones sobre cubiertas y huertas solares que se están construyendo.